Los adolescentes son más vulnerables que los adultos y los ancianos frente a las dependencias al tabaco, el alcohol y otras adicciones debido a que las regiones del cerebro que gobiernan el impulso y la motivación no están totalmente formadas a edades tempranas, según han descubierto científicos de la Universidad de Yale.
Después de realizar una investigación sobre 140 estudios de las neurociencias básicas y clínicas relativos a jóvenes, comprobaron que los desórdenes en el comportamiento de los adolescentes relacionados con dependencias o adicciones son en realidad desórdenes del desarrollo neuronal.
La investigación, publicada en The American Journal of Psychiatry, determinó que los circuitos cerebrales implicados en el desarrollo de las aficiones sufren profundos cambios durante la adolescencia, lo que incita a las personas de estas edades a tener nuevas experiencias.
Al mismo tiempo, como el sistema neurológico de inhibición está menos maduro a estas edades, los adolescentes se ven impelidos a acciones impulsivas y comportamientos arriesgados, incluyendo la experimentación y abuso de drogas adictivas.
Nueva perspectiva
Este proceso biológico, que convierte en especialmente vulnerables a las adicciones a los adolescentes, es independiente de los aspectos socioculturales en los que estas personas desarrollan su vida, lo que introduce una nueva perspectiva para el tratamiento de las adicciones en los jóvenes.
Debido a los cambios que se producen en las regiones cerebrales relacionadas con la motivación durante la adolescencia, el impacto de las drogas sobre estas personas son mayores que en otras edades y ejercen una influencia más prolongada en el tiempo.
Lo que se desprende de esta investigación es que las adicciones juveniles deben ser contempladas como desórdenes del desarrollo psicológico y que por ello la atención de los terapeutas debe concentrarse especialmente en este período de la vida de las personas para el tratamiento y prevención de las dependencias.
Asimismo, sugiere una revisión de algunos tratamientos que en ocasiones se aplican en la infancia y la adolescencia, ya que al incluir psicotrópicos producen en las personas de estas edades efectos que se manifiestan como adicciones cuando estos adolescentes se hacen adultos.
El descubrimiento aconseja nuevas estrategias para la prevención y tratamiento de adicciones en la pubertad y la adolescencia, al mismo tiempo que medidas especiales de protección para los jóvenes frente a la amenaza que representa para estas edades el consumo de drogas como el alcohol, el tabaco y otras más severas.
El consumo de sustancias que afectan la conciencia y el comportamiento parece remontarse a los albores de la humanidad cuando el hombre primitivo en su etapa de recolector comenzó a interesarse por el efecto de plantas y logró mediante ensayo y error acumular rudimentarios conocimientos que pronto se hicieron exclusivos de una "élite" de Chamanes, brujos, hechiceros y sacerdotes, cuyos "poderes" en en gran parte se basaban en la supuesta comunicación con fuerzas sobrenaturales durante sus viajes alucináticos, experiencias generalmente transmitidas a sus descendientes en forma directa, desde muchos miles de años antes de que apareciera la escritura.
La utilización del opio como medicamento aparece en unas tablillas de arcilla sumerias cuya antiguedad es de 5000 años a. n. e. y unos 1000 años después se registraron el vino, la cerveza, la mandrágora y los derivados de la camnabis sativa (marihuana). Ya desde esta época se reportaron hojas de coca en enterramientos peruanos como testigos de la ancestral costumbre.
A partir de la década de los sesenta, se incorpora la droga masivamente al estilo de vida hedónico, proliferando más en las sociedades de consumo, convirtiéndose en una mercancía de comercialización altamente rentable sólo superada por el tráfico de armamentos.
De esta forma las adicciones en todas sus manifestaciones se han convertido actualmente en uno de los flagelos que azotan la humanidad constituyéndose en un problema social, económico y político escala mundial, el cual puede desarrollarse en cualquier contexto etnosociocultural o sistema socio económico.
En el mundo las adicciones se consideran un problema insoluble en el pasado y presente milenio, sin embargo, en Cuba se trabaja por eliminar y prevenir el consumo de sustancias tóxicas ya sean las contempladas dentro del rango de legales, de prescripción médica , ilegales o inhalantes; en ese sentido el Sistema Ncional de Salud ha priorizado la salud mental de la población, como uno de los objetivos a alcanzar en este esfuerzo.
La medicina familiar y la atención comunitaria han venido desarrollando varios programas de prevención y atención a la conducta alcohólica y otros riesgos sociales que pueden asociarse a ese consumo o a la adicción de otras drogas ilegales, que aunque no constituyen un problema de salud en Cuba, si pueden motivar la necesidad de atención de casos individuales y poner a prueba la pericia y conocimientos de los Equipos Básicos de Salud sobre el diagnóstico, especialmente el precoz, del problema y su manejo.
Es por ello que se ha elaborado un programa nacional, mediante el cual se brinda información sintetizada acerca de las drogas, su clasificación, sus efectos nocivos y tratamiento al paciente y su familia, cuyo objetivo fundamental es prevenir la adicción como fenómeno social.
Atendiendo a lo anteriormente expresado, se le brinda especial atención a los adolescentes, pues ellos se encuentran en un importante período de crecimiento y desarrollo donde la relación con sus coetáneso y la búsqueda del contacto íntimo con otros es la actividad rectora; esta característica a su vez, hace que los grupos de adolescentes sean propensos a consumir sustancias tóxicas, a veces por curiosidad, por no perder el reconocimiento y aprobación del grupo; otras por destacarse y llamar la atención de los demás. También por evadir conflictos con los amigos, padres, maestros; ocultar sentimientos de depresión y soledad.
Muchos adolescentes carecen de supervisión de los padres, cuando regresan de la escuela encuentran la casa vacía, por lo que no es de extrañar que se sientan sólos y quieran remediarlo, así que e juntan con amigos. Pero aun así; continuan aburridos y pasan horas viendo televisión y videos musicales o navegando en la red en busca de emociones. En este cuadro entran con facilidad el tabaco, las drogas y las bebidas. También hay adolescentes que proceden de familias donde algún miembro consume algún tóxico y no ve el peligro de los mismo por tanto no disciplinan a sus hijos al respecto.
Después de realizar una investigación sobre 140 estudios de las neurociencias básicas y clínicas relativos a jóvenes, comprobaron que los desórdenes en el comportamiento de los adolescentes relacionados con dependencias o adicciones son en realidad desórdenes del desarrollo neuronal.
La investigación, publicada en The American Journal of Psychiatry, determinó que los circuitos cerebrales implicados en el desarrollo de las aficiones sufren profundos cambios durante la adolescencia, lo que incita a las personas de estas edades a tener nuevas experiencias.
Al mismo tiempo, como el sistema neurológico de inhibición está menos maduro a estas edades, los adolescentes se ven impelidos a acciones impulsivas y comportamientos arriesgados, incluyendo la experimentación y abuso de drogas adictivas.
Nueva perspectiva
Este proceso biológico, que convierte en especialmente vulnerables a las adicciones a los adolescentes, es independiente de los aspectos socioculturales en los que estas personas desarrollan su vida, lo que introduce una nueva perspectiva para el tratamiento de las adicciones en los jóvenes.
Debido a los cambios que se producen en las regiones cerebrales relacionadas con la motivación durante la adolescencia, el impacto de las drogas sobre estas personas son mayores que en otras edades y ejercen una influencia más prolongada en el tiempo.
Lo que se desprende de esta investigación es que las adicciones juveniles deben ser contempladas como desórdenes del desarrollo psicológico y que por ello la atención de los terapeutas debe concentrarse especialmente en este período de la vida de las personas para el tratamiento y prevención de las dependencias.
Asimismo, sugiere una revisión de algunos tratamientos que en ocasiones se aplican en la infancia y la adolescencia, ya que al incluir psicotrópicos producen en las personas de estas edades efectos que se manifiestan como adicciones cuando estos adolescentes se hacen adultos.
El descubrimiento aconseja nuevas estrategias para la prevención y tratamiento de adicciones en la pubertad y la adolescencia, al mismo tiempo que medidas especiales de protección para los jóvenes frente a la amenaza que representa para estas edades el consumo de drogas como el alcohol, el tabaco y otras más severas.
El consumo de sustancias que afectan la conciencia y el comportamiento parece remontarse a los albores de la humanidad cuando el hombre primitivo en su etapa de recolector comenzó a interesarse por el efecto de plantas y logró mediante ensayo y error acumular rudimentarios conocimientos que pronto se hicieron exclusivos de una "élite" de Chamanes, brujos, hechiceros y sacerdotes, cuyos "poderes" en en gran parte se basaban en la supuesta comunicación con fuerzas sobrenaturales durante sus viajes alucináticos, experiencias generalmente transmitidas a sus descendientes en forma directa, desde muchos miles de años antes de que apareciera la escritura.
La utilización del opio como medicamento aparece en unas tablillas de arcilla sumerias cuya antiguedad es de 5000 años a. n. e. y unos 1000 años después se registraron el vino, la cerveza, la mandrágora y los derivados de la camnabis sativa (marihuana). Ya desde esta época se reportaron hojas de coca en enterramientos peruanos como testigos de la ancestral costumbre.
A partir de la década de los sesenta, se incorpora la droga masivamente al estilo de vida hedónico, proliferando más en las sociedades de consumo, convirtiéndose en una mercancía de comercialización altamente rentable sólo superada por el tráfico de armamentos.
De esta forma las adicciones en todas sus manifestaciones se han convertido actualmente en uno de los flagelos que azotan la humanidad constituyéndose en un problema social, económico y político escala mundial, el cual puede desarrollarse en cualquier contexto etnosociocultural o sistema socio económico.
En el mundo las adicciones se consideran un problema insoluble en el pasado y presente milenio, sin embargo, en Cuba se trabaja por eliminar y prevenir el consumo de sustancias tóxicas ya sean las contempladas dentro del rango de legales, de prescripción médica , ilegales o inhalantes; en ese sentido el Sistema Ncional de Salud ha priorizado la salud mental de la población, como uno de los objetivos a alcanzar en este esfuerzo.
La medicina familiar y la atención comunitaria han venido desarrollando varios programas de prevención y atención a la conducta alcohólica y otros riesgos sociales que pueden asociarse a ese consumo o a la adicción de otras drogas ilegales, que aunque no constituyen un problema de salud en Cuba, si pueden motivar la necesidad de atención de casos individuales y poner a prueba la pericia y conocimientos de los Equipos Básicos de Salud sobre el diagnóstico, especialmente el precoz, del problema y su manejo.
Es por ello que se ha elaborado un programa nacional, mediante el cual se brinda información sintetizada acerca de las drogas, su clasificación, sus efectos nocivos y tratamiento al paciente y su familia, cuyo objetivo fundamental es prevenir la adicción como fenómeno social.
Atendiendo a lo anteriormente expresado, se le brinda especial atención a los adolescentes, pues ellos se encuentran en un importante período de crecimiento y desarrollo donde la relación con sus coetáneso y la búsqueda del contacto íntimo con otros es la actividad rectora; esta característica a su vez, hace que los grupos de adolescentes sean propensos a consumir sustancias tóxicas, a veces por curiosidad, por no perder el reconocimiento y aprobación del grupo; otras por destacarse y llamar la atención de los demás. También por evadir conflictos con los amigos, padres, maestros; ocultar sentimientos de depresión y soledad.
Muchos adolescentes carecen de supervisión de los padres, cuando regresan de la escuela encuentran la casa vacía, por lo que no es de extrañar que se sientan sólos y quieran remediarlo, así que e juntan con amigos. Pero aun así; continuan aburridos y pasan horas viendo televisión y videos musicales o navegando en la red en busca de emociones. En este cuadro entran con facilidad el tabaco, las drogas y las bebidas. También hay adolescentes que proceden de familias donde algún miembro consume algún tóxico y no ve el peligro de los mismo por tanto no disciplinan a sus hijos al respecto.

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